Fue por esa razón que en su búsqueda de protección y de ayuda mutua los
hombres comenzaron a vivir en paz.
En la actualidad la relación hombre-riesgo no ha cambiado.
De hecho el día a día está lleno de accidentes, robos, enfermedades, entre
otros sucesos que podrían afectar considerablemente su vida y su economía.
Pero una vez más, éstas le hacen frente a través de la colectividad.
Y sí, adivinaste, lo hacen mediante el Seguro.
Cuando tomas un seguro te unes a un grupo de personas que contribuyen
económicamente para hacer frente a un riesgo; el cual se materializa a través
de un evento que se denominan siniestro.
Los miembros del grupo combinan sus distintas capacidades económicas y
mediante el pago de la prima asumen el costo del seguro.
De esta manera el seguro cubre a todo el grupo en lugar de hacerlo individualmente.
Dado que los costos se reparten entre todos los miembros, la gente del
grupo de hecho está ayudando a reducir los costos de los demás miembros.
La homogeneidad como garantía
Un aspecto importante del mundo de los seguros tradicionales es la
homogeneidad.
Esta busca que todas las personas que forman parte del grupo tengan
una misma exposición al riesgo.
En este sentido, las personas expuestas a un mayor riesgo pagarán una
mayor prima que aquellas expuestas a un menor riesgo, de esta manera hay una
distribución justa y equitativa de los pagos.
¿Y qué pasa con los siniestros previos?
Otro aspecto importante es que aquellos siniestros existentes antes de
ingresar al grupo no serán asumidos por el resto.
No sería justo que todos los miembros compartan estos costos
preexistentes ya
que éstos sólo encarecería la prima del seguro.
¿Vale la pena un
seguro?
Definitivamente, sí.
El seguro reduce el impacto económico negativo que podría causar un
siniestro, dado que los costos de recuperación son repartidos entre un gran
grupo de gente no accidentada, sabiendo que en caso de que les ocurra a ellos,
recibirán el mismo tipo de ayuda
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